2008 ha empezado de manera diferente a otros años. Normalmente el primer día del calendario es un día de promesas y de buenos propósitos, y sólo el transcurso de las semanas y los meses determina la validez o invalidez de unas y otros. 2008, además de una serie de citas que esperan a los españoles inexorablemente a lo largo del año, y además de la incertidumbre sobre algunas cuestiones esenciales que se resolverán en los próximos doce meses, ha comenzado directamente con cambios.
Desde este uno de enero la vida es un poco más difícil para los españoles. El gas natural sube de precio, los trenes suben de precio y los autobuses también, como la electricidad, el vestido, el calzado y los alimentos. No es ni una amenaza ni una promesa, sino una realidad: 2008 ha amanecido cargado de problemas para la gente normal, y queda por ver hacia dónde se orientará el año.
Al mundo de las promesas pertenece en cambio la cita electoral de marzo. La convocatoria de las elecciones generales es segura e inminente, pero su destino es por lo menos incierto, y aparece rodeado de un halo de promesas contradictorias a cargo de los dos principales candidatos a la presidencia del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Después de marzo lo único casi seguro es que uno de los dos ocupará el palacio de La Moncloa, pero muchas cosas cambiarán dependiendo de quién lo haga.
A quien gobierne España a partir de 2008 le corresponderá afrontar grandes retos pendientes para nuestro país. Los ciudadanos están preocupados por la situación económica y por las perspectivas más que sombrías; no se trata de grandes cifras macroeconómicas, sino de la vida cotidiana de la gente, que desde el primer día del año se ha visto perjudicada por cambios no deseados. La falta de competitividad española, el estancamiento de la Bolsa, las dificultades de las hipotecas y los problemas de empleo son consecuencias de un cambio de ciclo que en 2008 tendrá que ser gestionado con firmeza desde el poder político.
Nuestros gobernantes, mientras tanto, tendrán otros retos en 2008. ETA sigue existiendo y tiene que ser combatida por el Estado de Derecho sin importar quién ocupe La Moncloa. Los nacionalismos periféricos desafían la unidad constitucional de España y van a plantear en 2008 nuevos chantajes y nuevas hipotecas sobre el futuro del país. España necesitará además una posición fuerte en Europa y en el mundo. Este año ha comenzado con promesas de todo tipo, y cambiará la vida de la gente. Los españoles, porque España es una democracia, tienen en sus manos elegir qué cambios prefieren.
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